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Por: Manuel R. Medina

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir al albergue de la Iglesia Nueva Jerusalén de Tijuana, donde cientos de haitianos y africanos esperan la oportunidad de poder cruzar a los Estados Unidos para pedir asilo político. Además de llevarles ropa, quise entablar una conversación con varios de ellos sin éxito alguno. Todo cambió cuando una pelota rompió las barreras del idioma.

Espero no me demande la Alianza Francesa de Tijuana por lo que voy a escribir, pero los diez meses que estudié el idioma parisino ahí, se me olvidaron más rápido de lo que a un galo desconoció el resultado de la Euro 2016. Tras apenas saludarlos, decirles mi nombre y preguntarles de qué parte del mundo venían, mi conversación terminó. Pero todo cambió cuando uno de ellos pateó un balón de futbol hacia donde yo estaba. De repente me encontraba jugando al balompié con dos haitianos y dos congoleños; entre risas, frases en español y francés, pudimos entendernos un poco y disfrutar de un momento de esparcimiento en medio de los problemas por los que atraviesan.

Por eso me pregunté qué tan universal es el idioma del deporte y me propuse buscar una respuesta entre mis amigos. Al primero que molesté con mis dudas fue a Jon Arnold, editor de Goal USA y que actualmente radica en Texas. Me dijo que “siempre hay algo especial en jugar o ver un partido con alguien. Sonreír ante una buena jugada, burlarse de alguna pifia o incluso gritar en su idioma natal ante alguna anotación, es algo que hace que comiencen a generarse lazos humanos, aunque no se hable el mismo lenguaje”.

 

¡Vaya que tenía razón!, pero quería saber si hay datos más concretos de la adaptación de un individuo a una cultura o un idioma gracias al deporte. Así que le mandé un mensaje a Kim Tate, actual encargada de comunicación y redes sociales en inglés para el Club Santos Laguna. Para ella, la oportunidad de tener el deporte como común denominador la ayudó mucho “cuando primero me mudé a México. Estar en el campo y ver una práctica o un partido, fue algo familiar que hizo la adaptación más fácil”. Incluso me platicó como el futbolista Benjamín López, nativo de San Diego, llego a la Comarca Lagunera hablando poco español, pero gracias al futbol de la categoría Sub20, no tardó mucho en adaptarse al estilo de sus compañeros y aprenderse las frases del juego en el idioma de su nuevo hogar.

Y claro que funciona, para muestra está el beisbolista Ichiro Suzuki de los Miami Marlins, que, pese a que todavía utiliza un traductor para hablar con la prensa y los aficionados, aun así, es uno de los favoritos de los fanáticos ya que su comunicación la “habla” dentro del diamante.

Así que ya sabe querido lector, una pelota rompió las barreras del idioma y el deporte es algo que puede unirnos alrededor del mundo, aunque no hablemos el mismo lenguaje.

Manuel R. Medina es un periodista deportivo que por más de diez años ha cubierto Liga MX, Liga de Ascenso, NFL, NBA, MLB y otros deportes. Su trabajo lo ha llevado a dos copas del mundo, en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, Copa América Chile 2015, Copas Oro, además de numerosos viajes para dar a conocer la información deportiva de primera mano. Acaba de regresar de Río de Janeiro tras cubrir los Juegos Olímpicos 2016. Puedes seguirlo en Twitter en @manuelmedina.

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