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Por: Manuel R. Medina

“Árbitro hijo de p**a”, gritaba una mamá a mi derecha después de que el silbante le marcara falta a favor de su hijo, parecía un domingo cualquiera pero el estar presente en una liga infantil me abrió los ojos de las conductas equivocadas que el público usa a veces. Este tipo de agresiones a los oficiales, a los niños rivales y a todo aquel que se le cruzara enfrente son el pan de cada día en una liga de futbol rápido de la Unidad Deportiva Tijuana. Pero la confusión de los padres de familia, pensando que el juego que están presenciando era la final de un mundial y no uno donde sus hijos estaban disfrutando de patear un balón, es algo que puede afectar seriamente a los futuros atletas de nuestro país.

Fue lamentable. Estar escuchando durante casi una hora como algunos padres decían todas las groserías que se les vinieran en mente, mientras a su lado tenían a los hermanitos de los atletas que pisaban la cancha en ese momento. Por el otro, algunos recordaban el 10 de mayo al cuerpo arbitral. Pero casi ninguno le echaba porras a su pequeño deportista. Algunos de los presentes tomaban esos insultos como un chascarrillo y no se inmutaban ante el gritadero en la gradería.

La situación me dio tanto asco que tuve que ir con mi amiga Aurora Figueroa, futura psicóloga que trabaja constantemente con pequeños, para que me calmara un poco. La cuestioné sobre qué tan malas son estas conductas por parte de los padres y me contestó que es algo “súper dañino, porque ellos aprenden por imitación. Y como las mamás son figuras de autoridad son a las que tienden a imitar”. Aurora terminó preocupada y agregó que “aparte que eso no permite que los niños disfruten del juego y solo los hacen más competitivos; esto no es malo, pero a esa edad es más conveniente que dejen que el pequeño vea el partido como algo divertido y no como una competencia”.

 

Intenté buscar a algún organizador, a alguien encargado de la competencia para saber si hay un reglamento o hasta un juramento deportivo. Pero no tuve éxito alguno. Este tipo de reacciones por parte de padres de familia no son exclusivos del futbol, los he visto en otros deportes que mientras sean competitivos hacen salir lo mejor y lo peor de cada persona. La buena noticia, es que en la gran mayoría de las competencias cuentan con señalamientos muy claros de que papás y mamás deben de apoyar a sus niños, sin antagonizar a los rivales en el campo. Al final el deporte es para disfrutarse y más en esa etapa de la vida.

¿Cómo corregir esta conducta? De acuerdo a otra de mis amistades consultadas en el tema, la maestra de primaria Stephani Amezquita, para solucionar estas actitudes las autoridades deportivas deben “hablar con los padres sobre lo que están haciendo e inculcando a sus propios hijos y de alguna manera prohibirles que no hagan eso”. Básicamente, eliminar el problema desde la raíz antes de que sea algo muy normal para nuestros futuros atletas.

La confusión de los padres de familia es que su hijo es Ronaldinho, Michael Jordan o Usain Bolt, cuando en realidad apenas están desarrollándose dentro del deporte, y las mentadas y groserías, no tienen cabida dentro de sus juegos. Algunos de ellos llegarán a la cima atlética e incluso representarán a nuestro país, pero la gran mayoría sigue siendo niños y deberán disfrutar como niños. Déjenlos en paz.

Manuel R. Medina es un periodista deportivo que por más de diez años ha cubierto Liga MX, Liga de Ascenso, NFL, NBA, MLB y otros deportes. Su trabajo lo ha llevado a dos copas del mundo, en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, Copa América Chile 2015, Copas Oro, además de numerosos viajes para dar a conocer la información deportiva de primera mano. Acaba de regresar de Río de Janeiro tras cubrir los Juegos Olímpicos 2016. Puedes seguirlo en Twitter en @manuelmedina.

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