Por: Josué Olvera Pimentel | @AJosueOl

Amigos, ¿qué tal? ¿cómo están? Es un gusto volver a escribir y compartir un poco de mis pensamientos con ustedes, en mi universidad había un maestro, quien ahora es un buen amigo, que nos decía que la justicia solo se encargaba de los pobres y los pen#@%&$ y tiene toda la razón.

Recientemente se dio a conocer la fuga de Juan José Esparragoza Moreno, hijo del narco apodado “El Azul”, del penal de Aguaruto, en Sinaloa. Lo increíble fue lo que dio a conocer en un artículo El Universal, donde se ven reos con teléfonos (un hecho ya muy común, pues de ahí vienen la mayoría de las extorsiones, si no es que todas), consumiendo mariguana y cocaína, con pantallas plasma en sus habitaciones, salas y hasta sexoservidoras.

Es decir, llevan su vida, como si estuvieran en libertad, lo verdaderamente jodido es como viven los presos que no tienen la oportunidad de pagar estos privilegios, y viven jodidamente mal, a ellos, por robar un carro (que acepto, al final es un delito) viven entre la suciedad de una celda, en la cual se supondría que la capacidad es para 4 personas y en ella viven hasta 30 reos, para ellos si es el castigo por su delito.

Pero un capo, quien es culpable de haber mandado a matar a una fuerte cantidad de personas, o incluso haberlas matado él, a quien se le imputan cargos por tráfico de drogas, puede pagar lujos y seguir viviendo una vida tranquila, con seguridad las 24 horas, haciendo sus “fiestas arremangadas”, sin que el “peso de la ley” caiga completamente ante él.

Y es que está el ejemplo de “El Chapo”, quien hasta antes de su segunda fuga, gozaba de privilegios como ningún otro, fue hasta su tercera captura, que fue tratado como un reo más, con la “dureza” del Sistema Penitenciario; pues Guzmán Loera era tratado como un Rockstar, con mujeres de la vida galante, drogas, alcohol e incluso música en vivo.

Pues como dicen por ahí: “Con dinero baila el perro” o mejor dicho, con dinero se bajan las panti nuestras autoridades, pues el Sistema Penitenciario de México es la mayor puta del mundo, está disponible para el mejor postor, sin que haya acciones visibles en contra de quienes quebrantan las leyes.

Es por esto, que quienes tienen dinero, tienen poder y no temen caer en la cárcel, pues son unas dulces y tranquilas vacaciones para ellos, donde pueden seguir delinquiendo sin ninguna consecuencia, además cabe resaltar, que con el poder que ejercen los delincuentes se suscitan situaciones de autogobierno, existen condiciones desiguales entre internos, quienes tienen dinero compran lujos y privilegios, y los pobres, viven inmersos en la escoria de los penales.

El hacinamiento y sobrepoblación en los centros penitenciarios mexicanos desembocan en una serie de problemas, la convivencia entre quienes ya están sentenciados y procesados; la inadecuada separación entre las mujeres y los hombres y las mujeres en áreas de servicio médicos, disminución de la capacidad del personal penitenciario, además de que se carece de protocolos para atender incidentes violentos, además de que la alimentación de los internos es deficiente, todo ello según el Diagnóstico Nacional de los Derechos Humanos, (CNDH).

¿Adivinen quiénes son quienes más sufren de estos problemas? Sí, esos delincuentes de poca importancia, quienes no gozan de una riqueza, ni de poder, pero ya sé que dirán “Eso no es un secreto”, y nadie está diciendo que lo sea, lo realmente preocupante, es que las clases sociales también se ven reflejadas en las cárceles y no debería de ser así, son delincuentes todos, algunos purgarán sentencias más largas y otras más cortas, pero deberían de ser severos con todos por igual, sin importar el poder o riqueza que llegaron a acumular basados en sus delitos.

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